deberes y privilegios

Pan, circo y otros placeres cotidianos

Mes: octubre, 2012

PRIN’ LA LÁ – UN NUEVO ORDEN

A comienzos de 2007 se producía la puesta de largo de un misteriosos grupo que ya venía levantando expectación desde hacía dos años. Esto es Prin’ La Lá (Eureka, 2007) despertó desde su lanzamiento grandes elogios por parte de la crítica y una gran aceptación del público, que llenaba los conciertos para ver e intentar comprender mejor en qué consistía exactamente esta peculiar formación de tres niñas cantantes y su primo músico (Fernando Vacas, Flow). Casi seis años después y cuando todo el mundo daba por hecho el carácter efímero y puntual del grupo aparece Un nuevo orden para demostrar que no lo habían dicho todo y que aún podían seguir jugando con mundos imaginarios.

Macarena, Isabel y Blanca siguen estando al frente y ya no son tan niñas, Fernando Vacas sigue encargándose de la producción, y las canciones siguen llevándonos a mundos paralelos donde no todo es magia y la oscuridad también está presente. De hecho las propias protagonistas describen este disco-viaje como una odisea espacial; una descripción del mundo desde el espacio, donde ven lo mal que están las cosas aquí y lo bien que podrían estar.

El grupo deja clara la voluntad de continuismo con el anterior disco desde el primer tema: Daba vueltas está directamente emparentada con Naves que dan vueltas a un balón en melodía y temática, y es el arranque perfecto para un viaje electrónico donde nos hablan de planetas salvadores (Gregorian, el planeta), la incomunicación (Un segundo más), la brevedad de la vida (la positiva Kiss the future) e incluso se atreven con una Oda a América.

 

En este disco no hay versiones ni poemas de Panero pero el espíritu mágico, perverso y libre permanece en cada una de las trece canciones que lo componen. Una mirada distinta y sincera hacia nuestra vida y costumbres con el punto justo de inocencia. Cruel o fantástico dependiendo del cristal (o la voluntad) que tengamos delante, un nuevo orden es posible.

Por Fran Martiáñez

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EL ETERNO RETORNO A SERGE

Serge Gainsbourg, el judío que hacía humedecer las camas de las europeítas bien pensantes. Aquel tipo poco agraciado que, sin embargo, hipnotizaba con un magnetismo y provocación que se sobreponían a su rostro cuando su voz se encendía, ya fuera para cantar, hablar o susurrar. Nadie susurraba como Gainsbourg, o más bien, nadie tenía el arrojo para plagar de sensualidad cada canción que componía.

Serge graba su primer disco en 1958 y no deja de hacer música hasta pocos años antes de su muerte en 1991. Si algo movía su música era la negativa al inmovilismo; Gainsbourg era inquieto: no evolucionar e innovar no era una opción. Compuso una ingente obra: unos inicios cercanos a la canción tradicional francesa, el rock sinfónico de Histoire de Melody Nelson, pasando por ritmos africanos en ese gran disco que es Gainsbourg Percussions, hasta llegar incluso al rap. No sólo compuso para él mismo, todas las ye-yés francesas e inglesas codiciaban las composiciones de este genio, desde Frances Gall hasta la que fue madre de su hija Charlotte, Jane Birkin.

Gainsbourg era una marca, una marca de calidad y modernidad. A día de hoy no son pocos los músicos que siguen haciendo sus particulares versiones de las composiciones de Serge, tanto es así que no es muy desacertado hablar incluso de un género, el género de las versiones de Serge Gainsbourg. ¿Dónde encontrar a otro solista que haya sido tan revisitado hasta nuestros días sin hallarse en esa impostura del rockero? Serge no necesitaba la actitud de un rockero para sobrevivir hasta nuestros días y eso lo hizo único: Serge Gainsbourg supo ser moderno y transgresor de una manera sutil y elegante…pero ¿cómo suena hoy Gainsbourg?

En 2006 Virgin Records edita un disco con versiones en inglés de músicos como Portishead, The Kills o Jarvis Cocker: Monsieur Gainsbour revisited. Entre ellas encontramos la reelaboración del mítico tema Je t’aime…moi non plus interpretada por Cat Power y Karen Elson (cuya relación con Jack White y la música es tremandamene gainsbourgiana). Una dulzura de canción muy bien llevada en la voz de Chan Marshal.

 

Jo Lamaire era una cantante belga que en los años 80, tal como tocaba, era conocida por sus temas de corte synth-pop. Por desgracia, la carrera de esta intérprete no terminó de cuajar. Aun así nos dejó una interesente versión synth de la que, para el que escribe, es la mejor composición de Gainsbourg, Je sui venu te dire que je m’en vais. Este tema fue incluido por Leos Carax en 1984 en su ópera prima Boy meets girl.

 

En 2005, Feist se une al showman, rapero y pianista Gonzales, y con la colaboración de la actriz francesa Dani, crea esta sutilmente bailable versión de Comme un boomerang. Parece como si el camino de toda cantautora que quisiera innovar pasara indefectiblemente por Gainsbourg.

 

A la hora de hablar de Gainsbourg y las versiones es imposible eludir a Mick Harvey. El que fuera miembro de The Birthday Party y los Bad Seeds acompañando a Nick Cave, grabó dos álbumes de estudio, Intoxicated Man y Pink Elephants, integrados en su totalidad por versiones de Gainsbourg que van desde lo sinfónico a las guitarras más contundentes. Para prueba, la energética versión de uno de los muchos temas que Serge escribió para Brigitte Bardot, Harley Davidson, cantada aquí por Anita Lane.

 

Uno de los, sin duda, mejores temas que compuso Gainsbourg, Comment te dire adieu, lo hizo para la mejor destinataria posible, Françoise Hardy. Era difícil que Jimmy Sommerville, el cantante de Bronski Beat (aquel grupo tan sumamente gay que tocaban Smalltown boy) pudiera resistirse a versionarla junto con la batería y también cantante June Miles Kingston. Todo en clave techno-hortera, claro, con unas trompetas y un vídeo difíciles de olvidar.

 

Gainsbourg a pesar de Gainsbourg. Rabiaría él por tanta versión. Y rabiaría precisamente por no tener ya manos para escribir para todos esos músicos que, sin duda, haría las delicias de sus juegos más perversos.

Por Rafael C. Gardón